Con su pensión del Bienestar recién cobrada y la moral hasta el cielo, Don Rosenberg Osoria Cepeda, de 71 años, llegó al bar "El Dorado" en Monclova, Coahuila, dispuesto a demostrar que la edad es solo un número. Al grito de "¡Hoy paga Bienestar!", este galán de cabellera plateada se rodeó de "cariñosas" e invitó tragos a diestra y siniestra.
Sin embargo, el baile, la cumbia y el derroche le jugaron una mala pasada. La cartera se vació más rápido que las botellas y, de un momento a otro, la fiesta se convirtió en deuda.
Con las "damas del tacón dorado" desaparecidas, Don Rosenberg decidió ejecutar una "fuga de película". Testigos lo vieron dar un último paso prohibido en la pista, levantar los brazos como un campeón y salir disparado hacia el bulevar Harold R. Pape, como si estuviera entrenando para un maratón.
La policía recibió el reporte de un "bailarín fugitivo de la tercera edad con energía sospechosa" y, tras una persecución entre botes de basura, lograron capturarlo. La noche terminó en la comandancia, con el septuagenario tras las rejas, sin un peso y tarareando la cumbia que lo llevó a la ruina.
La lección quedó clara, el Bienestar se va en un santiamén, especialmente si se gasta entre copas y tacones dorados.