JUCHITÁN, OAX.- En San Juan Guichicovi, una de las importantes poblaciones de la etnia mixe del Istmo de Tehuantepec, sólo dos personas o curanderos tienen el don de leer el maíz, en rituales de sanamiento o curaciones.
Fidelfa Francisco Santiago es una maiksh masoyey (curandera en mixe), desde los 9 años supo que no era como el resto de las niñas del pueblo, además de ser huérfana de madre, unas voces la atormentaban al grado de no dejar de llorar todo el día, con los años, ya en la madurez, sin que las voces dejaran de hablarle, supo que tenía el don de curación y de hablar con ángeles y platicar con los granos de maíz.
Frente a una docena de santos y vírgenes colocados en una altar en un pequeño cuarto de su vivienda en esta comunidad de la Sierra Madre del Sur, Fidelfa se coloca y comienza con los rezos cantados en su lengua madre, mientras el enfermo sentado deja al desnudo parte de su cuerpo para recibir las primeras rameadas de albahaca mojado con un preparado de sustancias curativas.
Después continúa con el ritual , sin dejar sus peticiones a los santos y vírgenes de alejar sobre el cuerpo en sanación todo mal aire que lo atormenta, pasa un huevo sobre el enfermo, para después retirar los malos espíritus con el rociado del sahumerio , aromatizando todo el cuarto.
En la segunda etapa de la sanación, Fidelfa se sienta frente al enfermo, coloca una mesita de madera y sobre ella pone una mazorca de maíz, no cualquier maíz, es especial, posee 12 líneas de grados regulares, los desgrana mientras en su lengua pide permiso para platicar con los granos.
102 semillas, ni una más ni una menos, es la cantidad que desgrana y coloca en la mesa. Con movimientos leves y muy ritualista, los coloca en el centro, alejando un pequeño grupo del resto. La mayor cantidad las separa en grupos de cinco y las coloca en dos circulos, el primer círculo representa la casa, el segundo a la persona.
Durante todo el proceso Fidelfa no deja de platicar con el maíz en un lenguaje de sabiduría y sagrado, que no traduce a nadie. Después del conteo y la forma en que quedaron esparcidos los granos, esta indígena mixe le explica al enfermo las razones de su mal y la forma en que se podrá curar.
Para finalizar todo el ritual de saneamiento, vacía una botellas de aguardiente en los cuatro puntos de la mesa donde colocó el maíz, el sobrante lo vierte en un agujero que está colocado en medio del cuarto, dándole de beber a la tierra.
De acuerdo a la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, es un “método diagnóstico utilizado por los adivinos para conocer el origen de una enfermedad y el tratamiento requerido para curarla. En algunos grupos indígenas del país se utiliza para conocer el estado del tiempo y averiguar el paradero de personas extraviadas".
La lectura del maíz lo practican los nahuas, huastecos, mazatecos, tzotziles, tlapanecos y purépechas, zapotecos y mixes en Oaxaca.
“Suelen emplear diferente número de granos: por ejemplo, los mixes disponen de dieciocho, los zapotecos de cuatro a cien y los tlapanecos de veintidós a cuarenta o sesenta granos. Una vez seleccionados, los maíces adquieren una virtud especial y se guardan en bolsas para ser utilizados en los rituales terapéuticos. Generalmente, el sortilegio se realiza frente a altares, los cuales son preparados por los adivinos al mismo tiempo que pronuncian plegarias y oraciones “, explica el documento de la Biblioteca Digital.
Este ritual data de la época prehispánica y forma parte del arte adivinatorio del mundo mesoamericano, pues el maíz el grano sagrado, con el maíz se formó el primer hombre. Esta práctica está en franca extinción entre los grupos mixes del norte del Istmo.