Agencia Reforma
Son cientos de personas que, año con año, recorren las calles para llegar a algún templo, principalmente la Basílica de Guadalupe, para agradecer, pedir perdón, hacer alguna petición o renovar su fe.
Con siglos de historia, las peregrinaciones son una tradición que sigue vigente en la sociedad. Pese a los cambios sociales, pasa de generación en generación sin perder fuerza y, de acuerdo con especialistas, está lejos de desaparecer.
BÚSQUEDA DE ESPERANZA
La palabra peregrinos proviene del latín "peregrinus", que hace referencia a quien emprende su camino por el campo y va más allá.
El boom de las peregrinaciones hacia Tierra Santa y Jerusalén empezó por el año 325, pero la tradición de peregrinar a lugares considerados santos o sagrados no es exclusiva de la religión cristiana. También ha estado presente desde hace siglos entre budistas, judíos y musulmanes.
Las visitas más populares en México son las que se realizan a la Virgen de Guadalupe.
El especialista en teología y humanidades José Guadalupe Serna considera que estas tradiciones se mantienen porque representan la búsqueda de esperanza y renovación, una característica del ser humano, independientemente de la creencia religiosa.
"Siempre hay un aspecto que es fundamental: peregrinar hacia este lugar sagrado donde los individuos caminan y donde quieren alcanzar una esperanza", apunta el director de los departamentos de Educación y Humanidades de la Facultad de Educación y Humanidades de la UDEM.
"La peregrinación es una renovación constante de fe, por eso vemos que las peregrinaciones pasan los años y la gente sigue asistiendo".
RELIGIOSIDAD POPULAR
Algo que caracteriza a las peregrinaciones de México, en especial del norte, es que en éstas, casi por regla general, van acompañadas de tambores, penachos, huaraches y sonajas que resuenan por las calles de la Ciudad.
Son los matachines que, con sus danzas, personifican a los indígenas de la época prehispánica.
El historiador Cristóbal López Carrera, especialista en historia y cultura popular, explica que las danzas son un reflejo de los pueblos nativos que aceptaron la llegada del catolicismo a cambio de seguir sus propias costumbres.
"Los indígenas negociaron hacerse cristianos o acercarse al cristianismo siempre y cuando les permitieran seguir bailando, era su forma básica de religiosidad", indica.
Las peregrinaciones y las danzas, añade, son una de las máximas muestras de lo que se conoce como religiosidad popular.
Siguen una herencia del catolicismo popular de aquella época colonial, que combina la cultura indígena con la medieval europea. Eso significa que son tradiciones muy antiguas, ancladas en el tiempo y en la sociedad.
"Tú realmente no las vas a ver en un informe sobre la cultura de Nuevo León o en un aniversario de la ciudad", detalla el especialista.
"No forma parte de lo que la ciudad tiende a registrar en su historia oficial, pero son más importantes para la historia porque la gente las vive, las goza, las organiza".
DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
Al platicar con los matachines, se puede encontrar de todo: quienes danzan por dinero o por compromiso, pero la mayoría son aquellos que lo mantienen por tradición.
"La gente danza porque hay una devoción genuina, hay una serie de mandas; porque hay una devoción y de alguna manera la danza te conecta con alguna promesa, algo trascendente", apunta el historiador López.
"La gente danza porque se lo heredó su mamá, su papá o porque hay una serie de milagros atravesados, vinculados a la danza. Porque a sus papás, abuelos o tíos les sucedió algo que les llevó a mantener la danza. Entonces se va transmitiendo como la devoción y la costumbre".
Aunque el catolicismo y la religiosidad ha perdido fuerza con el paso de los años, indica, no es así con las danzas y las peregrinaciones.
Por ser representaciones de la religiosidad popular, están muy arraigadas a la cultura de la sociedad y difícilmente van a desaparecer.
Así lo demuestra José, quien, tras casi 15 años de estar al frente de la Danza de San Rogelio, no piensa abandonarlo.