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Nuevo San Andrés teme emboscada

Foto(s): Cortesía
Redacción

Los habitantes tzotsiles de la Congregación Nuevo San Andrés de Santa María Chimalapa adquirieron sus tierras bajo engaños, luego normalizaron su estadía como oaxaqueños y comuneros lo que les ha representado ataques de las autoridades y talamontes de Cintalapa, Chiapas, la ciudad más cercana en donde compran víveres.


Ubicados entre los límites de los estados de Chiapas y Oaxaca, se fueron a asentar en medio de una zona de conflicto que lleva más de cuarenta años y en donde ellos son los más vulnerables por su aislamiento y debido al último enfrentamiento con pistoleros de Cintalapa, autodenominados Ejercito Chamula, no quieren aventurarse a salir ni a sus parcelas por miedo a una emboscada.


Los 70 habitantes de 20 familias pobres tzotziles de origen chiapaneco que ocupan 639 hectáreas de tierras de los Bienes Comunales de Santa María Chimalapa, temen de salir a proveerse de víveres a Cintalapa, Chiapas, por miedo que en venganza por los últimos sucesos sean atacados o retenidos.


Habitualmente, antes del enfrentamiento, los habitantes cultivaban y criaban animales para acudir a venderlos a Cintalapa, y con el dinero de lo vendido se surtían de los necesario, esto lo hacían cada dos días.


El peligro es latente pues en el camino a Cintalapa tienen que atravesar el predio y centro ecoturístico “Los Ocotones”, propiedad de Carmen Ariel Orantes, señalado por Comité Nacional para la Defensa y Conservación de los Chimalapas como uno de los principales instigadores del Ejército Chamula, un latifundista que busca recuperar la zona para ampliar su propiedad.


Para llegar a Nuevo San Andrés sólo se puede por Cintalapa, Chiapas para luego recorrer dos horas de camino de terracería, atravesando territorio de Chimalapas devastado por la ganadería, la explotación forestal y los invasores chiapanecos.


Su aislamiento y cercanía con la ciudad de Cintalapa la hace vulnerable a un ataque armado, ya que no existe señal telefónica, ni de celular o radio de comunicación.


Esta comunidad no cuenta desde hace dos años de servicio médico, el último llegó en una Caravana de Observación Civil y Solidaridad con Los Chimalapas, su casa de salud está abandonada y para acudir a un médico tiene que trasladarse a Cintalapa. Los niños no tienen maestros, por el aislameinto y el peligro que representa vivir en la comunidad y viajar en la zona.


No les llegan tampoco los programas de desarrollo social y apoyo alimentario. Reciben apenas unas despensas del gobierno municipal.


Por eso los habitantes piden la presencia de la Guardia Nacional en la zona para sentirse seguros y poder sembrar sus parcelas, cuidar su ganado y proveerse de víveres.