TEHUANTEPEC, Oaxaca.- Inspirada en el estilo de una comunidad alfarera que se resiste al olvido, comienza a escribirse una nueva historia dentro del seno familiar. Una nueva generación de alfareros del barrio Vixhana empieza a nacer.
Omar vio a sus padres retirarse de las labores rurales para dedicarse a trabajar el barro. Ahora, este pequeño será en poco tiempo el orgullo de la alfarería para honrar la memoria de su abuelo, Faustino Ruiz Osorio y continuar las enseñanzas de su padre Omar Ruiz Carreño.
A su corta edad, Omar no imaginó tocar el barro para darle diversas formas con las que pretende crear un estilo propio y de gran calidad con diseños que van de acuerdo a la región donde vive.
Apenas es un niño, pero sus manos recorren los trazos de la arcilla para crear sus primeras piezas. A su alrededor, hay cientos de piezas de barro algunas terminadas y otras listas para llevarlas al horno para ponerlas a cocer y así, tenerlas resistentes.
El menor afirma que aprendió el oficio viendo trabajar a su padre, y aunque todavía no domina la técnica del barro, espera hacerlo pronto para crear figuras en serie que habrá de ofertar a los clientes para apoyar en la economía familiar.
La familia heredó de sus ancestros el oficio de alfarero, como muchos otros, pero que no le dieron importancia y terminaron perdiéndose en el olvido de la memoria histórica.
Vixhana se caracterizó como un barrio alfarero, donde la gente se dedicaba a la fabricación del Tanguyu, juguete antiguo de las niñas y el caballito de barro con el que jugaban los niños, antes de la llegada de los juguetes de plástico.
La última generación de alfareros que quedaba casi se extingue al morir Faustino Ruiz Osorio, que cada vez trabajaba menos el barro, su salud fue debilitándose hasta que un día falleció. Desde entonces, el taller está a cargo de Omar Ruiz, quien desde entonces enseña a sus hijos el oficio, tratando de rescatar la tradición.
En el taller trabaja la esposa de Omar, sus dos hijos Alondra de 14 años y Omar de 12 años, así como los dos sobrinos gemelos Kevin y Cristián de 10 años, a quienes inculca desde temprana edad el oficio de la alfarería con el fin de que no se pierda la actividad que los ha distinguido como familia.