JUCHITÁN, Oaxaca.- Na María Urbieta murió hace más de 30 años realizando su oficio de garnachera en los tiempos candentes de la lucha política en la década de los 70. Una bala perdida le arrebató la vida.
Sólo dejó a sus hijas sus secretos para elaborar las garnachas y a todos sus descendientes su casa, un hogar que acondicionó a su manera, imponiendo su gusto en todos los detalles. Esta casa quedó dañada con el sismo y sus hijos se resisten a demolerla.
“Mi mamá nos ordenó que no demoliéramos la casa, porque su hogar era su esencia y si queríamos mantener algo de ella después de su muerte, sería conservando su casa”, dice su hija Victoria Dehesa.
Aunque los inspectores de la Sedatu le ordenaron demolerla, ella se resistió. Aún cuando los albañiles escasean, ha logrado retirar las tejas del techo y rescatar un muro en la que aparece un fresco antiguo.
“La quiero dejar exactamente como estaba antes”, dice la actriz, quien también reside en la Ciudad de México, mientras verifica el trabajo de los albañiles.
Ella, como su madre, está atenta a los detalles y no se reserva sus comentarios al trabajo que se realiza sobre la casa.
La propiedad tiene otras dos casas también de tejavana que fueron afectadas en el sismo del 23 de septiembre.
Por eso, sus propietarios esperan que se dé un segundo censo porque sólo habían censado la más antigua.
Victoria Dehesa sabe que la reconstrucción de la casa llevará también tiempo; por eso se apresura a proteger el fresco de su muro para quedar tranquila.
Después procederá a utilizar los mismos materiales para el techo, con la madera propia de la época en que se construyó la casa.
Las puertas están intactas; hechas de madera y con pasadores, todas dan a estancias de piso de ladrillo, a pasillos y patios con columnas.
Las figuras de los santos se refugian en otra parte, exiliados de la casa, como las tejas que se apilan en el patio en espera de que el inmueble esté reconstruido para colocarse a su cabeza.
El gusto de Na María Urbieta está en todos los detalles de la casa, como las ventanas cuyas rejas de fierro diseñó a su imaginación la famosa garnachera.
Cuando la mayoría de las casas han sucumbido a la fuerza de las máquinas, ésta será de las pocas que queden en pie.