JUCHITÁN, Oaxaca.- La calle Colón en la Quinta Sección fue una de las zonas más devastadas por el terremoto del 7 de septiembre. Quedaron contadas casas en pie, actualmente las viviendas se están construyendo, una gran parte por albañiles de origen tzotzil venidos de Chiapas, apreciados por su entrega y eficiencia en el trabajo.
En esta zona, alrededor de 30 albañiles venidos de Pueblo Solistahuacán, Chiapas, ubicado en la zona norte y montañosa de ese estado, trabajan en la construcción de casas de particulares, llegaron hace tres meses y el trabajo no les ha faltado. Necesario es reconstruir.
Originalmente contratados por una empresa constructora originaria de Veracruz, llegó una cuadrilla de 20 albañiles, llegaron con la promesa de pagarles un sueldo de 400 pesos diarios a los albañiles y 300 para los peones. Luego de 15 días de trabajo, la empresa no les quiso pagar completo su salario y sólo les entregó mil pesos a cada uno, con la promesa de pagarles después.
Dagoberto
Dagoberto Hernández Urbina, maestro albañil, junto con sus otros compañeros de trabajo entre quienes venía su papá, sus hermanos y vecinos, dijo que rompieron el trato con la empresa exigiendo que les pagaran su quincena completa, en cuyo periodo de trabajo ya habían construido 15 casas, trabajando una jornada de 13 horas diarias.
Los albañiles de Solistahuacán, que significa en náhuatl “lugar de los que tienen armas de pedernal”, fiel a su ascendencia guerrera, buscaron trabajo por su propia cuenta y a lo largo de estos tres meses éste no acaba, la gente los busca para construir sus casas, aun cuando cobran casi lo mismo que los albañiles locales, realizan más rápidamente su trabajo.
“No nos contratan nada más porque sí, vienen a preguntar cuánto realizamos tal trabajo y en qué tiempo, a veces resulta que lo hacemos en la mitad del tiempo que otros albañiles”, confía Dagoberto que trabaja con su ayudante Gerardo Hidalgo Moreno.
Dagoberto Hernández está casado y tiene cuatro hijos, todos están estudiando por lo que el joven padre de familia manda a su hogar gran parte de su paga semanal y acude por dos semanas cada dos meses a Solistahuacán. Gerardo Hidalgo es soltero, ambos junto con el resto de la cuadrilla viven en la misma casa que están construyendo, ahí duermen y a las seis de la mañana cada uno se dirige a su lugar de trabajo.
Migrar para trabajar
Acostumbrados a emigrar para trabajar con compañías constructoras que los contratan para trabajar en otros estados, aprovechan para trabajar en trabajos extras en la tarde, haciendo pequeños labores como sacar escombros, terminar detalles, colocar puertas ventanas.
De su experiencia es recurrente que las compañías constructoras los engañen faltando a su palabra, como les sucedió al enviarlos a Juchitán, los envían a lugares alejados al norte del país para luego pagarles menos de lo pactado, la mayoría de las veces no les queda más que aceptar el sueldo rebajado.
Mientras repellan las paredes de la casa, remueven la mezcla, dicen que a tres meses se han adaptado, se han hecho amigos de sus colegas, se han adaptado a la comida, incluso, el hecho de que le echen demasiado ajo a todos los alimentos “allá no se come así”, dice Dagoberto.
A lo que casi no se han adaptado es a las constantes réplicas, muy diferente a la plácida zona montañosa en donde casi no se sienten los sismos. No son ajenos a la violencia, a diario se enteran de los asesinatos, la misma gente les recomienda no salir a lugares y horas inconvenientes.
La herencia
Dagoberto viene de una familia de albañiles, desde los 12 años se integró al trabajo de su padre, es el mismo destino el de sus hermanos, aunque le ofrecieron estudios nunca le gustó la escuela -confiesa- y prefirió la albañilería.
Al igual que sus padres, les ha aconsejado a sus hijos que estudien y que tengan una profesión menos laboriosa y sufrida como la albañilería, porque no siempre se trabaja bajo la sombra, es el trabajo sufrido de la construcción: “hay trabajos que se tienen que hacer bajo el sol”.
Los vecinos de la Quinta Sección ya los ubican como “los chiapanecos”, no falta alguno que les haya trabajado poniéndoles el piso o sacándoles escombros.
Acostumbrados a la migración y el trabajo para sostener a sus familias, en la casa en construcción sin puertas ni ventanas, que para su suerte les refresca en estos días de calor, ahí se hacinan luego de las extenuantes jornadas de trabajo, hombres solos se encargan de la limpieza de sus ropas, que cuelgan secándose en los cordeles.
Sin casi ningún lujo, salvo alguna cerveza cuyos vestigios se ven en el piso raso, se acuestan y levantan todos los días a trabajar, pensando en sus familias, en su pueblo, en sus días de fiestas dedicadas su santo patrón, días en que suspenderán su labor para regresar al terruño a disfrutar con los suyos, un pequeño descanso en una vida de infatigable trabajo.