TEHUANTEPEC, Oaxaca.- El ex convento dominico del siglo 16, recinto que edificó el rey zapoteca Cosijopí -convertido al catolicismo-, se encuentra en grave riesgo de colapsar.
El inmueble está considerado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como monumento histórico.
El sismo del jueves 7 de septiembre y las continuas réplicas han dejado en estado de deterioro avanzado toda su estructura. Gran parte de la bóveda de la planta alta se encuentra destruida.
Los grabados de techos y muros se han desmoronado. Incluso se ha desprendido parte del contorno por los constantes derrumbes.
Los pasillos del edificio lucen cubiertos de escombros. El espacio más dañado está ubicado en la parte que comunica al obispado; un hueco deja ver la parte externa del edificio.
Las enormes columnas que sostienen los muros de aproximadamente un metro de grosor, están fracturadas.
Las grandes fisuras aparecen por todo el inmueble. FOTO: Ángel Mendoza
El inmueble fue evacuado después del terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter. Desde entonces, el acceso está restringido ante un evidente riesgo de desplome.
En la planta baja los daños son también graves. Los corredores y pasillos presentan fracturas y desprendimiento de los grabados que plasmaron los dominicos durante su estancia.
El exconvento es uno de los edificios más antiguos, no sólo de Tehuantepec sino a nivel estatal.
Los sismos de los últimos años han deteriorado su estructura. Un fuerte temblor en el 2008 ya había dejado el edificio en estado endeble.
Fue construido por cédula real
En su diseño, el exconvento presenta rasgos culturales europeos y estilos románico, gótico y morisco. Tuvo una restauración de 1975 a 1982 y en 1993 intervino el INAH.
El convento lo habitaron los frailes dominicos que evangelizaron y enseñaron diversas artes a los nativos. Entre sus funciones sirvió por más de 100 años como cuartel y luego como reclusorio hasta 1975.
El historiador Mario Mecott Francisco indicó que el templo católico más antiguo es el ex convento de Santo Domingo, construido por la orden de los dominicos por cédula real del 8 de septiembre de 1543.
En este periodo, destaca y se autoriza la construcción de conventos en pueblos indios.
Empezó la construcción del convento un año después, en 1544, dirigido por el padre Albuquerque y con el peculio del último rey de Tehuantepec Cosijopi, quien acepta su conversión al catolicismo.
La obra se realizó con la participación de todos los pueblos de Istmo que llegaron a dar su tequio, convocados por Cosijopi.
El barrio que registra la historia es de San Blas, en su mayoría de pescadores, a quienes se les encomienda el sustento diario con pescados para quienes realizaban los trabajos de construcción del exconvento.
