JUCHITÁN, Oaxaca.- María del Carmen Ruíz Solorza es una joven invidente de Asunción Ixtaltepec, que asegura que para hacer sus actividades, tales como cocinar y dar sesiones de masajes, no necesita ver; con las manos y sus oídos es más que suficiente.
Con una agilidad natural para desplazarse dentro de su vivienda, asevera que su ceguera no le ha impedido disfrutar de la vida. Y haber podido estudiar hasta la preparatoria y después aprender la técnica de la masoterapia, que consiste en aplicar presión y movimientos rítmicos en los tejidos blandos del cuerpo.
Con voz firme señala que, a pesar de vivir en una sociedad poco inclusiva, su discapacidad no ha sido ningún impedimento para crecer como persona, incluso ser una excelente cocinera y formar parte del coro de la iglesia de su natal Ixtaltepec.
“Pues más que nada pensar positivamente. No tener ideas negativas en la cabeza, porque la verdad, aquí donde vivimos es una sociedad poco inclusiva, no hay empatía para los discapacitados. Empecé a trabajar en un consultorio ambulante, no tenía un espacio donde trabajar. Yo practico lo que son masajes relajantes”.
A pesar de todas las adversidades y tropiezos que ha tenido, dice amar la vida y agradecer todos los días por seguir viva.
“Yo pienso que, a pesar de los obstáculos, a pesar de las caídas, ahora sí que dios, yo como le digo soy muy religiosa; Dios me ha llenado de amor hacia la vida… me enamoro del aire, de las aves, del canto de las aves, de la caída de las hojas de los árboles”, reitera María del Carmen.
Su madre, doña Romanita Solorza Cabrera, asegura que han sido años de muchos esfuerzos, de visitas a hospitales, escuelas especiales.
“Ese fue mi proceso con mi hija y el amor y la armonía de la familia es lo que más que nada la sacamos adelante”.