JUCHITÁN, Oaxaca.- El mercado de Marrakech, al norte de África, controlado y vigilado por los bravos ojos de los hombres árabes, esa presencia varonil casi imponente que intimida a los visitantes, sólo se puede comparar con el mercado indígena zapoteca de Juchitán, que es dominado por la figura de las mujeres, voluptuosas y diminutas, un mercado que fácilmente compite en explosividad de colores y sabores con el mercado marroquí.
El mercado “5 de Septiembre” de Juchitán, tiene una gran fama internacional gracias a los escritos, filmes y fotografías de viajeros, investigadores, periodistas y artistas, que retratan esa gran fuerza imponente de la mujer zapoteca y el dominio que tiene sobre este centro neurálgico comercial tradicional del corredor ístmico, el único espacio público por excelencia que controlan.
Mujeres, la mayoría
Más de mil puestos en el interior, el 99 por ciento de los espacios son ocupados por mujeres; son raros los hombres que se dejan ver; los que están, no son nada amables, y están reservados a la zona de abarrotes, carnes y mariscos, además de estar más visibles en el exterior, en la zona de ambulantaje.
La estructura del mercado es vieja, ha recibido varias remodelaciones y rehabilitaciones, pero sigue en estado desastroso el cableado eléctrico, lo que pone en riesgo constante la seguridad de los miles de visitantes que recibe al día.
La primera planta del mercado está destinada a la comida y verduras; toda la variedad, desde los exóticos y prohibidos como los huevos de tortuga, armadillo, iguana y todo lo que los zapotecas, no sólo de Juchitán, sino de toda la región, hasta los huaves, zoques, mixes y chontales, pueden consumir.
En la segunda planta es posible adquirir los trajes bordados por artesanas istmeñas.
Y la mejor descripción que se ha hecho de esta parte del mercado se publicó en la crónica de Martín Caparrós: “Muxes de Juchitán”.
El mundo zapoteca
"El mercado se arma: con el sol aparecen pirámides de piñas como sandías, mucho mango, plátanos ignotos, tomates, aguacates, hierbas brujas, guayabas y papayas, chiles en montaña, relojes de tres dólares, tortillas, más tortillas, pollos muertos, vivos, huevos, la cabeza de una vaca que ya no la precisa, perros muy flacos, ratas como perros, iguanas retorciéndose, trozos de venado, flores interminables, camisetas con la cara de Guevara, toneladas de cedés piratas, pulpos ensortijados, lisas, bagres, cangrejos moribundos, muy poco pez espada y las nubes de moscas. Músicas varias se mezclan en el aire, y las cotorras”.
Desde la primera planta, si el visitante alza la cabeza, podrá ver en las dos naves de la segunda planta una serie de murales de los mejores artistas plásticos que tiene Juchitán, pinturas que reflejan exactamente el mundo zapoteca, su creación, desarrollo y futuro.
Y es en esta segunda parte donde los colores se hacen más intensos, la moda de las zapotecas arranca los dos pasillos, aquí se pueden elegir los mejores trajes hechos por artesanas de San Juan Guichicovi, Álvaro Obregón, Santa Rosa de Lima, Unión Hidalgo y Chicapa de Castro.
La lengua materna
También en esta zona, las comerciantes del Valle y la Mixteca encontraron su espacio para exponer sus productos, comerciantes que echaron raíces entre los zapotecas. Los dos pasillos terminan con los cientos de modelos de huaraches, modernos y tradicionales.
El mercado de Juchitán no tiene encantadores de serpientes ni cantores de cuentos de las mil y una noches como el mercado de Marrakech, pero en él hace nido la lengua de los hombres nubes; es el único lugar de Juchitán en que cada sonido que se emite es como el respiro esperanzador de una cultura que lentamente está perdiendo lo que un día los hombres que llegaron de las nubes les dejó como identidad: su lengua.
