SANTA MARÍA XADANI.-La población zapoteca de esta comunidad no solo está de luto a diez días de la sacudida del pasado 7 de septiembre que la dejó, literalmente, en ruinas; también le arrebató a las mujeres su única fuente de ingresos: sus hornos para hacer totopos.
En este municipio, ubicado a 20 minutos de Juchitán de Zaragoza, donde el 85% de la población es de escasos recursos, se palpa a flor de piel la necesidad de la mayoría de sus habitantes que lo perdieron todo.
Aquí, las únicas fuentes de empleo: el campo, la pesca y la elaboración de totopos, prácticamente están paralizadas y la gente no tiene cómo salir adelante.
Xadani, significa debajo del Cerro en Zapoteco, cuenta con 7 mil 781 habitantes y la mitad son mujeres, es decir 3 mil 852 habitantes de acuerdo con datos Inegi; la mayoría, se dedica a la producción de totopos, una especie de tortilla horneada con “hoyitos”, conocido internacionalmente y básico en la dieta de las comunidades del Istmo.
Aliento de totopo
2 mil 64 viviendas
56% cocina con horno de leña o carbón
4.59% cuenta con estufa
92% carece de estufa o fogón con chimenea
Fuente: Encuesta Intercensal 2015 Inegi
Desde los 9 años, las niñas aprehenden a hacer los famosos totopos, pero actualmente más de mil de los hornos utilizados por las mujeres para elaborarlos están destruidos, tras el terremoto que azotó Oaxaca, el pasado 7 de septiembre.
La única fuente de ingresos, destruida
Na Manuela Jiménez Guerra tiene 70 años de edad, y casi toda su vida se ha dedicado a elaborar totopos; el pasado 8 de septiembre, después de llevarse el susto de su vida, se encontró con la sorpresa que su horno estaba fracturado: inservible.
Con una inmensa tristeza y sin contener las lágrimas dice: “mira así quedó mi horno y…ahora”; “hay mamá no sabemos cómo le vamos hacer, no tengo nada”.
Na Manuela vive con su esposo, pese a su avanzada edad no dejan de trabajar porque, de lo contrario, no tendrían qué comer; ahora, a la abuelita la aflige no poder comprar una olla nueva de barro para reponer su horno, “me cuesta 400 pesos, de dónde voy a sacar yo”.
Horno fracturado por el sismo de 8.2 grados. FOTO: Alondra Olivera
La hopitalidad
En su semblante, Jiménez Guerra deja ver su cansancio, tristeza, dolor, pero sobre todo su buen corazón. No le importa quedarse sin los dos últimos totopos que tenía para comer y los ofrece a esta reportera.
El sismo del pasado 7 de septiembre sumó a esta mujer una tragedia más a su familia. Hace dos años murió uno de sus hijos y un año después el segundo, “trabajaba en Monterrey y me lo lastimaron, ahora esto”.
Entre su desesperación, asegura que va a seguir adelante porque sobrevivió y es la fortaleza de sus hijas.
Na Manuela elaboraba 200 totopos diarios, obtenía 220 por su venta y solo 100 o menos era su ganancia. Ahora no sabe cómo seguir adelante, se siente, por momentos, perdida ante su necesidad.
El horno caliente y los totopos a plenitud, antes del terremoto. FOTO: Alondra Olivera
Encarecen insumos
La abuelita se enfrenta no solo a la necesidad de su horno, también al incremento del precio de la leña para calentar el horno, 10 por cada palo; además, 10 kilos de maíz, a eso añade el traslado del mototaxi y el pago de la molienda. No cuenta, las más de cuatro horas que esta parada frente al horno que hierve, el riesgo de meter sus manos para pegar sus tortillas y el humo que aspira.
La destrucción de más de mil hornos en esta localidad, podrían provocar en semanas siguientes el encarecimiento el totopo y se eleven su precio, pues Santa María Xadani, es uno de los pocos municipios donde realizan la tortilla.
La mujer guarda una pizca de esperanza, cuenta los días para que se le reponga su horno, una promesa hecha por el presidente Enrique Peña a esta población.
La promesa en el aire
El 13 de septiembre pasado, a esta comunidad llegó el presidente Enrique Peña Nieto acompañado de su esposa Angélica Rivera, ahí les prometió a las mujeres que les repondría su horno para totopos y hamacas, “porque sé que a ustedes les gusta dormir en hamacas verdad”, recuerdan que dijo.
Esta promesa la guardan con celo en su mente las mujeres de Xanadi, “no dijo cuándo pero ya los estamos esperando”, sostuvo Na Vicente.
“Él (presidente) aseguró que se nos daría un nuevo horno y eso esperamos, porque nosotros no olvidamos y si no cumple mejor que ya no venga”.a
De generación en generación
Eclantina Matus Jiménez ha pasado su conocimiento de hacer totopos a sus hijas: Liliana Matus y Lucía Matus, y estas a su vez a sus hijas. Hoy batallan para sacar algún dinerito que les permita salvar el día.
Las mujeres no conocen otra forma de ganarse la vida más que horneando totopos y bordando blusas que venden en el mercadito de la población.
Las tres, madre e hijas, no tuvieron la oportunidad de seguir estudiando. No tenían tiempo, había que apoyar a la familia. “aquí desde los 9 años ya empezamos hacer totopos, íbamos a la escuela regresamos y nos ponemos ayudar, pero como no había dinero para seguir estudiando pues nos pusimos a trabar”.
Señalan que de los tres hornos que tenían en su casa, dos se destruyeron por el temblor y en uno batallan para que cada una cocine sus totopos y saquen algo de dinero para continuar la vida e ir reponiendo la pérdida de bienes materiales.
El manjar de maíz. FOTO: Alondra Olivera
La noche negra en Xanadi
El pasado 7 de septiembre, la mayoría de la población dormía o cenaba, de repente sintieron un jalón tan fuerte que no podrán borrar de la mente. Después todo eran gritos y desolación, a la mañana siguiente dimensionaron la pérdida de casi todo el pueblo.
Santa María Xadani fue uno de los municipios más afectados por el sismo: dos muertos y más de la mitad de la mitad de las viviendas se vinieron abajo.
Esa noche, después del temblor, personal de Protección Civil revisó las calles de esta localidad pidieron a la población saliera de sus casas debido al peligro de un tsunami, que afortunadamente no llegó.
A obscuras y en medio de su desesperación la gente tomó como una alternativa el mirador de ese municipio, en caso de que olas gigantes los invadiera. “Mucha gente subió, estábamos apretados y con el miedo, ahí no las pasamos paraditos en vela hasta que bajó el peligro”.


