JUCHITÁN, Oaxaca.- Salió a la gran ciudad muy joven para ampliar sus horizontes y experimentar la libertad sexual que no tenía; a los pocos años regresó al pueblo, no sabía que había adquirido, en sus muchos encuentros sexuales, el Virus de Inmunodefiencia Humana (VIH).
Hace cerca de 15 años le salieron granos en la garganta, tuvo fiebre y una tremenda debilidad porque no podía comer nada. Le hicieron estudios, atacaron sus enfermedades y volvió a casa mejorado.
R sintió unas tremendas ganas de comer unos tacos de cabeza, su familia lo consintió, feliz de que hubiera mejorado, pero apenas comió los tacos se sintió mal de nuevo y tuvieron que internarlo. Al hacerle los análisis salió positivo al VIH y ya estaba en la fase del SIDA, es decir, el virus ya había avanzado.
Lo mandaron a Oaxaca en donde recibió un tratamiento que siguió al pie de la letra. Iba con recurrencia al Capasits ubicado en la región del Valle, en donde coincidió con muchas personas conocidas de todas las edades y estratos de Juchitán.
Volvió a la normalidad, su carga viral bajó considerablemente. Era joven y mantuvo varias relaciones, tenía una vida sexual muy activa, era desenvuelto, simpático, fácil para la palabra, por lo que no le faltaban muchachos que querían tener sexo con él.
Confesó que con algunos tuvo relaciones sin protección porque aquéllos lo pedían, querían relaciones “a pelo”. Aparte de su familia y sus amigos más íntimos, sabían que era portador del VIH. Cuando surgían rumores de que vivía con el VIH, él lo negaba.
El estigma, la discriminación, cuando alguna vez buscó empleo y le preguntaron si era seropositivo y contestó que sí, no le dieron el empleo apenas saberlo.
Se sentía ya también que dejó de ir a Oaxaca, dejó los medicamentos y durante muchos años se sintió bien, parecía más sano que cualquiera. Hizo planes, tenía sueños y quería tener pareja estable. Tuvo varias parejas que nunca quiso contarles que era seropositivo.
En una ocasión sintió la necesidad de volver a su tratamiento, tal vez podría recaer; al llegar al Capasits en donde iba antiguamente, los doctores al verlo regresar después de tantos años y de no haber mantenido su tratamiento, le comunicaron su real sorpresa de que siguiera vivo.
Los especialistas le explicaron que abandonado el primer tratamiento y haber dejado de checarse, los tratamientos originales ya no iban a servir y era necesario empezar de nuevo con otro tratamiento.
Aún con el tiempo transcurrido trataron de darle un tratamiento, pero luego dejó de ir y confió que cambiando radicalmente de vida tendría un futuro mejor, trató de cambiar y buscó nuevos amigos, dejó el alcohol y los lugares de ligue, abrazó una nueva religión.
En sus últimos años fue decayendo lentamente, perdiéndo lentamente peso hasta quedar tan demacrado que en sus últimos días se encerró en lo que quedó de su casa afectada por los sismos de septiembre, hasta que un día se supo que había muerto.