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Juchitán luce desolado por la pandemia de COVID-19

Foto(s): Cortesía
Redacción

JUCHITÁN, Oaxaca.- Con el cierre total del comercio en el primer cuadro de la ciudad por tercer día consecutivo, el lugar sigue luciendo desolado y solo se aprecian las mesas vacías, sillas apiladas y otros muebles ocupando parte de las calles y del parque central.


El tradicional bullicio que predominaba todos los días en este lugar, considerado el corazón comercial del Istmo de Tehuantepec, ícono de la región istmeña, se apagó por la expansión de la contingencia sanitaria generada por la pandemia de COVID-19.


Solo el operativo realizado por las fuerzas del orden logró mantener este espacio libre de comerciantes y personas que, algunas sin medir las consecuencias, acudían “normalmente” a realizar alguna actividad, sin tomar en cuenta las recomendaciones de las autoridades sanitarias.


El lugar que normalmente luce atiborrado de gente comprando alimentos y otros productos -en su mayoría típicos- ahora luce desolado. Los comercios formales bajaron las cortinas, otros cerraron sus puertas, todo se paralizó.


Las autoridades municipales señalan que hasta el momento no se han presentado problemas y los comerciantes fijos, semifijos y ambulantes han entendido la necesidad de llevar a cabo esta medida, que busca cortar con la cadena de contagio del coronavirus.


Señalan que se trató de una decisión difícil, pero que se tuvo que tomar para evitar la propagación masiva de la pandemia; mientras que la respuesta de la ciudadanía ha sido favorable, pues ha sabido mantenerse en sus casas y quienes salen usan ya el cubrebocas.


Sobre la continuidad de este operativo, el gobierno de la ciudad informó que siguen monitoreando el desarrollo del mismo, sin que hasta el momento tengan reportes de algún conflicto provocado por el cierre del comercio que, de acuerdo a lo planeado, culminará el viernes 24 de julio.


Pero pese a todos los esfuerzos de las autoridades, aún existen empresas y negocios que siguen laborando de forma clandestina, evadiendo la vigilancia de las autoridades; tal es el caso de algunas casas de empeño, que a toda costa exigen el pago a sus deudores.