JUCHITÁN, Oaxaca.- Cecilia había terminado de trabajar en la cocina del restaurante donde laboraba cuando ocurrió el terremoto del 7 de septiembre; el restaurante colapsó en parte del techo y dos paredes se vinieron abajo; apenas logró salir junto con sus compañeros de trabajo, recuerda que lloró por lo tremendo del sismo.
Cuando regresó al cuarto en donde rentaba, el edificio también había sufrido daños graves, por lo que ya no podía quedarse ahi; de un día para otro se quedó sin trabajo y sin casa, por lo que se queda en el albergue del Instituto Tecnológico del Istmo.
Estuvo muchos días sin conseguir trabajo, le ayudó mucho estar en el albergue, porque su familia es de otra población en donde su madre se encarga de sus dos hijos menores; consiguió apenas un trabajo en una fonda. Aún así, se mantiene en el albergue.
Confiesa que aún cuando tiene todos los servicios, regaderas, baños, las tres comidas al día, lugar dónde descansar, no logra dormir bien, y le angustia su futuro; ha planeado muchas veces abandonar la ciudad e ir a buscar trabajo en otra parte.
Para la psicóloga clínica Bertha De Gyves, el sismo de 8.2 ha provocado en la población como primer signo el insomnio incitado por los sobresaltos de las réplicas principalmente por las noches, irritabilidad, dolor de cabeza y tensión muscular, que son síntomas normales y que padece casi la totalidad de la población.
Si estos síntomas persisten más de tres meses, la psicóloga asegura que se tiene un estrés postraumático y que requiere atención; para evitar este estrés es conveniente asistir a una terapia breve o bien platicar con familiares y amigos sobre lo que sucedió, sobre las molestias y lo que se puede hacer.
La psicóloga recomendó acudir a una terapia y no estar solos, acercarse a su familiares y amistades, dormir bien, organizarse para descansar y alimentarse adecuadamente. No hay necesidad de medicamentos e intervención, los síntomas pueden desaparecer paulatinamente, dijo.