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Descontrol total después del sismo

Foto(s): Cortesía
Redacción

La arquitecta Melany de Gyves Mendoza asevera que el proceso de reconstrucción en el Istmo de Tehuantepec se llevó a cabo sin control, sin orden, sin una dirección; “no se tomaron las medidas ni de seguridad, para empezar, ni de seguimiento de una obra convencional. Todo se movió tan rápido, sin ninguna línea de acción que derivó en un descontrol total”.


En su casa de Ciudad Ixtepec, lamenta que ni siquiera se haya tomado en cuenta la tipología de las viviendas de la región, cuyas características tienen que ver mucho con el clima.


“El 80 por ciento del año el Istmo es caluroso y las empresas que vinieron a construir traían otras directrices de vivienda que obedecen a otra dinámica de la población, como casas de interés social urbanas, por eso edificaron casas que a la fecha, las pocas que se hicieron, no obedecen al modo de vida de los istmeños”.


Agrega que las casas tradicionales tienen techos a cuatro metros de altura, pero estas casas los tienen a 2.30 metros de altura, lo que genera un calor insoportable, por eso la gente prefiere vivir afuera, en sus patios.



“Pero además hubo muchos fraudes porque empresas foráneas y locales fueron tras las tarjetas de los damnificados y después desaparecieron sin construir las viviendas”.


Menciona que muchas constructoras llegaron con la consigna de demoler el mayor número de construcciones para poder recibir las tarjetas, “estuviera la vivienda completa, medianamente o sin daños, porque fue un negocio pues les pagaban por cada casa que demolieran y la gente no tuvo tiempo de tomar la decisión sobre su patrimonio”.


Dice que nunca se tomó la previsión de rescatar lo que se podía rescatar, ya que los materiales de las casas tradicionales tiene hasta cien años y sirve. “Nosotros insistimos mucho que los materiales se recuperarán, se resguardarán, para que la gente con eso 120 mil pesos que recibieron pudiera tener la oportunidad de reconstruir bajo su mismo espacio, porque tenía una capacidad de materiales que le permitían economizar sus recursos, pero no dejaron que la gente recogiera ni sus muebles. En Europa todo resguardan, aquí todo tiraron”.


-¿Era realmente posible preservar las viviendas tradicionales?


-Por supuesto que era viable, un grupo de arquitectas originarias de Ixtepec formamos un colectivo para hacer conciencia de que no tiraran las casas, hay gente que nos escucho; el problema es que la gente quiere una respuesta inmediata y esto no es posible porque no hay ni el recursos, ni los materiales, ni mano de obra. Con los 120 mil pesos logramos que cinco familias rehabilitaran sus casas e incluso en una se logró rehabilitar una cocina y un baño que nunca tuvo, tener una vivienda digna pero respetado los materiales tradicionales, pues es mucho más caro construir. 


-¿El 7 de septiembre del 2017 marcó un cambio visual de la región del Istmo?


-Creo que se desdibujo, en muchas poblaciones la arquitectura tradicional y la imagen urbana local porque llegaron tantas constructoras, con tantas soluciones, con tantas ideas; un caso muy marcado es Ixtaltepec una comunidad con casas de dimensiones generosas y ahora se recorre la avenida principal y es un muestrario de casas de todo tipo y muchos predios vacíos.