JUCHITÁN, Oaxaca.- Eran las primeras horas de este sábado, cuando un estruendo acompañado de una fuerte sacudida despertó a las poblaciones istmeñas que apenas comenzaban a conciliar el sueño, después de las múltiples y constantes réplicas que se han registrado desde aquella noche del jueves 7 de septiembre, cuando la madre tierra bramó.
Fatigadas por el desvelo, horas de angustia y desesperación, las familias istmeñas fueron despertadas abruptamente por un primer sismo de 5.7 grados, ocurrido a las 05:38 horas –según el Servicio Sismológico Nacional- “fue una sacudida fuerte, pero ya pasó”, comentaban, sin imaginar lo que se avecinaba dos horas después.
Vuelve el terror
07:53 horas: un fuerte sismo de 6.1 grados en la escala de Richter –que más tarde trascendería que se trató de una réplica del sismo del 7 de septiembre- sacudía nuevamente la región.
Aunque esta vez mucha gente estaba de pie, hubo quienes se despertaron por la fuerte sacudida y en un momento todo era confusión, histeria, llanto y clamor al altísimo; el sismo parecía una copia del ocurrido el 7 de septiembre, “igual de fuerte o más”, dijeron algunos.
Los pocos comercios que apenas comenzaban a abrir, fueron prácticamente abandonados; las enormes máquinas que ya habían iniciado con sus trabajos de demolición de viviendas se detuvieron; la gente caminaba aprisa, otros –los que podían- corrían.
Las familias salieron de sus casas y se volcaron a las calles con el temor reflejado en el rostro. Ya no regresaron a sus viviendas. Decididos a pasar la noche fuera de sus hogares, colocaron lonas, sillas, mesas, hamacas, camas, colchonetas y cerraron calles.
Mientras tanto, el estruendo generado por el sobrevuelo de tres helicópteros “oficiales”, generaba mayor angustia en la gente, “pues el ruido podía provocar el derrumbe de algunas viviendas”.
Terminaron de caer
Antes del mediodía, las autoridades municipales de Juchitán, a través de la Subdirección de Tránsito y Vialidad, informaron que las viviendas que se vinieron abajo, fueron las que ya estaban “tocadas” por el sismo anterior.
Confirmaron que la libre circulación por calles y avenidas era complicada, pues todas estaban ocupadas y convertidas en el mejor y más seguro lugar para permanecer vivos.
Por la tarde, Juchitán semejaba un pueblo fantasma. Sólo quienes verdaderamente tenían la necesidad de salir a la calle, lo hacían; el resto, se refugiaba en su familia, con los suyos, es el momento de estar unidos... por si algo más grave sucede.