MATÍAS ROMERO AVENDAÑO, Oaxaca.- En un albergue y lejos de su comunidad de origen, de la cual fueron desplazados hace más de seis meses, 191 indígenas de la comunidad de Tierra Negra, agencia municipal de San Juan Mazatlán Mixe, se mantienen en Matías Romero. Fueron despojados violentamente de su hogar el año pasado.
Son hombres, mujeres, niños y adultos mayores que en el mes de junio fueron expulsados de forma violenta de su comunidad mixe, por no haber votado por el priista Macario Eleuterio Jiménez, quien los culpó por su derrota en la elección por la presidencia municipal de San Juan Mazatlán Mixe, la cual se realizó por el sistema normativo interno.
No celebraron el inicio del 2018 cuando tienen un futuro incierto, cuando a tantos meses el gobierno no les ha resuelto sus peticiones: volver a su comunidad con todas las seguridades, aún con los cierres carreteros que realizaron el pasado año, siguen en las mismas.
Tierra Negra es una comunidad indígena que se rige por el sistema de usos y costumbres; las personas que votan durante una elección lo hacen mediante una asamblea comunitaria y a mano alzada; además, existen reglas de antaño donde sus 400 habitantes tienen que obedecer como es el tequio en diversas actividades; sólo las viudas y adultos mayores de 50 años están exentos.
Desde el 4 de junio se refugian en el centro comunitario de la colonia Lázaro Cárdenas, espacio otorgado por la autoridad municipal de Matías Romero con la solicitud de la organización social Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (Ucizoni). Ahí viven en hacinamiento y con carencias de agua potable, energía eléctrica y alimentos, así recibieron al 2018.
Narraron que la noche del 3 de junio fueron echados de forma violenta por personas afines a Macario Eleuterio Jiménez, quien les presume que tiene el respaldo de las autoridades del gobierno de Oaxaca y de la ex secretaria de Asuntos Indígenas, Sofía Castro.
“Al ver la violencia que había con nosotros, no tuvimos otra opción que salir rápidamente de Tierra Negra, dejamos todo, vivienda, ganado y tierras y llegamos a esta ciudad y nos refugiamos en este espacio donde no hay empleo, tampoco escuela para nuestros niños, la comida es escasa, en fin hemos vivido una etapa totalmente triste, parece no importarle a nadie, porque no nos hacen caso”, expresó Filiberto Cándido Hilario, uno de los desplazados.
Algunos de los indígenas se han ido en busca de empleo porque necesitan alimentar a su familia, otros están esperanzados y se reúnen por las mañanas y tardes para acordar nuevas acciones, porque aseguran que actuar de forma pacífica no les ha servido.